Ni el nombre ni el título le decían nada todavía; lo comprobaría más tarde en Debrett's. Lo único que le pareció fuera de lugar fue el leve bronceado de su piel… Se le ocurrió una idea pero, presa de su mirada, no pudo precisarla. El pelo le caía en suaves ondas sobre los hombros y enmarcaba una amplia frente sobre unas arqueadas cejas oscuras que, en ese momento, se encontraban fruncidas.

– No -dijo él y, tras una leve vacilación, añadió-: Un conocido nos habló de que el número doce estaba en venta. Stolemore llevaba el asunto, en efecto, pero nosotros tratamos directamente con los propietarios.

– Oh. -La seguridad de Leonora desapareció y su actitud beligerante se desinfló. Así y todo, se sintió obligada a insistir-: Entonces, ¿ustedes no estaban tras las ofertas anteriores? ¿O los otros incidentes?

– ¿Ofertas anteriores? ¿Debo suponer que alguien tenía interés en comprar la casa de su tío?

– Sí. Mucho interés. -Casi la habían vuelto loca-. Sin embargo, si no fue usted ni sus amigos… -Se detuvo-. ¿Está seguro de que ninguno de ellos…?

– Muy seguro. Estuvimos juntos en esto desde el principio.

– Ya veo. -Decidida, tomó aire y alzó la barbilla aún más. El caballero le sacaba una buena cabeza de altura, con lo cual le resultaba difícil adoptar una actitud reprobadora-. En ese caso, me siento obligada a preguntarles qué pretenden hacer con el número doce, ahora que lo han comprado. Entiendo que ni usted ni ninguno de sus amigos usarán la propiedad como residencia.

Sus pensamientos, sus sospechas, se reflejaban claramente en sus maravillosos ojos claros. El tono era deslumbrante, ni violeta ni azul; a Tristan le parecieron del color índigo típico de las horas crepusculares.



23 из 415