
– Stolemore fue el agente encargado de la venta del número doce. Ahora mismo voy a hablar con él, y si fue odioso…
Leonora hizo una mueca.
– La verdad es que no puedo decir que lo fuera él. De hecho, sospecho que se veía forzado a serlo por aquellos a quienes representaba. Ningún agente podría permanecer en el negocio si habitualmente se comportara de semejante modo y, en algunas ocasiones, Stolemore parecía avergonzado.
– Entiendo. -La miró a los ojos-. ¿Y en qué consistieron los otros «incidentes» que ha mencionado?
Por la expresión de su rostro y el modo en que apretó los labios, le quedó claro que no quería decírselo y que deseó no habérselos mencionado siquiera.
Impasible, Tristan se limitó a esperar. Con la mirada fija en la de ella, dejó que el silencio se prolongara mientras mantenía una postura en absoluto amenazadora pero inamovible. Como muchos antes, la joven captó el mensaje perfectamente y, de un modo un poco mordaz, respondió:
– Hubo dos intentos de robo en nuestra casa.
Tristan frunció el cejo.
– ¿Los dos intentos después de que se hubieran negado a vender?
– El primero, una semana después de que Stolemore aceptara finalmente la derrota y se marchara.
Tristan vaciló pero fue ella quien dio voz a sus pensamientos.
– Por supuesto, no hay nada que relacione los robos frustrados con la oferta de comprar la casa.
Excepto su convicción de que había una conexión.
– Pensé -continuó- que si usted y sus amigos habían sido los misteriosos compradores interesados en la adquisición, eso significaría que los robos frustrados… -hizo una pausa y contuvo la respiración- no estaban relacionados, sino que tenían que ver con otra cosa.
Tristan inclinó la cabeza; hasta el momento, su lógica era sólida. Sin embargo, estaba claro que no se lo había contado todo. Dudó en presionarla, en preguntarle directamente si los robos eran el único motivo por el que había salido decidida a presentarle batalla, haciendo caso omiso de las normas sociales. Ella lanzó una rápida mirada a la puerta de la casa de su tío. Ya la interrogaría más adelante; en ese momento, Stolemore seguramente se mostraría más comunicativo. Cuando volvió a mirarla, Tristan le sonrió y lo hizo de un modo encantador.
