– Lo siento. Sólo quería decir que…

– Oh, no pasa nada -dijo ella amargamente-. ¿A quién le importa lo que usted haya querido decir? Nos ha insultado de todas las maneras posibles. Pero… ¿Angus se está muriendo?

– Sí -dijo él con suavidad-. Quizá no esta noche, pero pronto. Y ocurrirá mucho antes si se queda solo. Se niega a recibir oxígeno y analgésicos, también tiene problemas cardiacos, no deja que la enfermera local se acerque a él, y si usted es de verdad médico…

– Si no me cree…

– Lo siento -Jake pensó que necesitaba apaciguar los ánimos-. Angus es mi amigo. Siento si he parecido brusco, pero odio dejarle solo. Si acceden a quedarse aquí esta noche, estarán compensando muchas cosas.

– ¿Compensando el qué…?

– El descuido.

– ¡Nosotras no hemos descuidado a nadie! -Exclamó Kirsty, realmente enojada.

– Está bien -acordó él-. Ustedes no han descuidado a Angus. No sabían nada sobre él.

– Muy generoso de su parte. ¿Angus realmente necesita ayuda? ¿Ayuda médica?

– Sí. Tanto médica como personal. Urgentemente.

– Entonces nos quedaremos -dijo ella.

– Así de simple. ¿No necesita consultar a su hermana?

– Susie no está como para tomar decisiones.

– Dijo que ella estaba enferma -Jake frunció el ceño-. ¿Qué le ocurre?

– No está tan mal como para no poder pasar aquí la noche. Supongo que habrá camas.

– Hay catorce habitaciones. Deirdre, la esposa de Angus, se relacionaba mucho con la gente. Hace años que nadie las ocupa, pero una vez al mes el ama de llaves las ventila, por si acaso.

– Así que tenemos donde dormir. ¿Las habitaciones están en la planta baja?

– Algunas sí, pero…

– ¿Dónde está el ama de llaves? -A Kirsty no le interesaban los «peros».

– No vive aquí. Viene tres veces por semana desde Dolphin Bay.

– Él está realmente solo.

– Ya se lo he dicho.

– Y le escuché -dijo ella bruscamente-. Está bien. Vaya y dígale que vamos a entrar.



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