
Pero entonces había ocurrido el accidente de tráfico. Rory había muerto en el acto, y Susie había resultado gravemente herida, aunque lo peor había sido el daño psíquico ocasionado.
Los psiquiatras no habían servido de utilidad. Nada había podido ayudar.
– ¿Por qué no visitamos Australia? -Había sugerido por fin Kirsty-. Conoces tan poco sobre el entorno en el que vivió Rory. Sé que sus padres están muertos y que no se llevaba bien con su hermano, pero por lo menos podemos visitar el lugar donde nació. ¿Dolphin Bay? ¿Hay delfines de verdad? Parece divertido. Puedo conseguir un permiso en el hospital. Vamos a hacer una visita de investigación para que así le puedas contar a tu hijo de dónde venía su papi.
Había parecido una idea acertada. Susie estaba embarazada y las heridas que tenía en la espalda le hacían necesitar una silla de ruedas la mayor parte del tiempo, pero Kirsty era médico. Podía cuidar de ella.
Pero desde el principio Susie se había mostrado apática. Nada más aterrizar en Sidney había comenzado a tener contracciones, por lo que había pasado cuatro semanas en reposo, con su depresión acentuándose.
Pero por lo menos el bebé estaba bien. En aquel momento Susie estaba de ocho meses, y si se ponía de parto, no supondría un gran problema.
– ¿Por qué no me diría Rory que su tío era un conde? -Susurró Susie-. Y vivir en un sitio como éste… nunca hubiera venido si hubiera sabido esto.
Kirsty tuvo que admitir que se había quedado impresionada. Habían llegado a Dolphin Bay aquella tarde y habían ido a informarse a la oficina de correos, donde la información recibida les había dejado aturdidas.
