Deirdre y Angus los adoraban, pero por lo que oí, Kenneth se parecía mucho a su padre y no era amante de la paz. Se peleaba todo el tiempo con Rory. Y, finalmente, Rory se marchó a América para alejarse de él. Hace un par de meses nos enteramos de que había muerto en un accidente de tráfico. Su señoría se quedó destrozado. Kenneth todavía sigue visitándole, pero a la gente de por aquí no nos gusta. No le llamaremos lord Kenneth cuando muera Angus, eso está claro.

– Pero… Angus todavía es conde -había susurrado Susie, aturdida por aquello.

– Parece un poco ridículo, ¿verdad? A él no le gusta que se le llame así. Dice que «Angus» es suficiente para él. Pero entre nosotros nos gusta llamarle lord Angus, o lord Douglas cuando hablamos formalmente. Lo que Deirdre y él hicieron por nuestro pueblo… es muy prolijo de contar. Esperad a ver su casa. Nosotros, de broma, lo llamamos el castillo de Loganaich. ¿Necesitan encontrarlo? Les dibujaré un mapa.

Susie casi había regresado a casa y, en aquel momento, sentada en el coche frente al castillo, miró a su hermana gemela con los ojos más sombríos que nunca.

– Kirsty, ¿qué estamos haciendo aquí? Regresemos a América. Ha sido una tontería venir.

– Hemos llegado muy lejos, y sabes que no podemos regresar a América en este momento. Ninguna compañía aérea te permitiría volar hasta que no nazca el bebé. Vamos a buscar un lugar donde pasar la noche y volvamos por la mañana.

– Volvamos a Sidney por la mañana.

– Susie, no. No puedes perder todo vínculo con Rory.

– Ya lo he hecho. Y oíste a la encargada de la oficina de correos; Rory había perdido cualquier vínculo con su tío.

– Rory hablaba con cariño de Angus y de su tía. La mujer de correos dijo que Angus se quedó destrozado al enterarse de que Rory había muerto. Tienes que verlo.

– No.

– Susie, por favor.

– Las puertas se están abriendo de nuevo -dijo Susie sin inmutarse-. Alguien está saliendo. Tenemos que marcharnos.



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