
Kirsty se dio la vuelta para ver qué ocurría, y vio un Land Rover polvoriento salir del patio delantero. Su coche estaba bloqueando la salida y el Land Rover tuvo que detenerse.
Kirsty arrancó el coche y miró de nuevo al Land Rover. El hombre que le había cerrado la puerta en las narices iba al volante, llevando al perro sentado a su lado.
Kirsty dudó qué hacer y pudo ver cómo el hombre comenzada a enfadarse. Entonces miró a su hermana, que tenía la desesperanza reflejada en la cara, y decidió que no la llevaría a aquel lugar al día siguiente. Deseaba con todas sus fuerzas que su hermana volviese a estar llena de vida como hacía un año. Realmente enfadada, apagó el coche.
– ¿Qué…? -Comenzó a preguntar Susie.
Pero Kirsty ya había salido del coche, habiéndose olvidado del charco que había justo debajo y llenándose de fango hasta los tobillos.
Pero apenas se percató de ello; estaba furiosa al ver que él le había chascado los dedos, lo que provocó que toda la tensión que ella había estado conteniendo durante los últimos meses explotara. Se acercó al Land Rover y abrió la puerta del conductor con tal fuerza que casi la arranca.
– Está bien -le dijo al hombre-. Salga del coche. Quiero algunas respuestas y las quiero ahora.
* * *
Debía haber regresado a casa hacía dos horas.
El doctor Jake Cameron había pasado todo el día arreglando problemas, problemas que todavía tenía delante, antes de poder marcharse a su casa aquella noche. Sus chicas le estaban esperando. Las gemelas eran estupendas, pero él había llevado su paciencia al límite. La señora Boyce tendría que volver a acostarlas aquella noche y estaría enfadada.
Pero no podía salir de allí, ya que el coche de la mujer estaba taponando el camino.
– ¿Qué quiere decir con eso de que «quiere respuestas»? -Preguntó fríamente, saliendo del coche.
