Ella había dicho que era familia de Angus, pero él no la había visto nunca; si lo hubiera hecho se acordaría. Era alta, delgada, con ojos marrones claros y con un brillante pelo color caoba. Tendría casi treinta años y era adorable.

– Mi hermana y yo hemos venido desde Nueva York para visitar al señor… a lord Douglas -espetó ella-. Necesitamos ver al conde.

– Quiere decir a Angus -sólo se había referido a Angus como a su señoría para intimidarlas. Como no había funcionado, volvió a referirse a él como Angus. Su amigo.

– Mi hermana no está bien -volvió a espetar ella.

– Nadie está bien -dijo él amargamente-. Y sólo estoy yo para encargarme de ello. Tengo que visitar tres casas más antes de cenar. ¿Puede mover su coche, por favor?

– ¿Es usted médico?

– Sí. Soy el doctor Jake Cameron, el médico de Angus.

– No tiene el aspecto de ser médico.

– ¿Querría que fuera con bata blanca y con un estetoscopio? ¿Aquí? Hace una hora estaba apartando vacas de la carretera, ya que bloqueaban el camino.

– Pensé que quizá usted fuese un sobrino.

– Desde luego que es usted un familiar cercano -dijo él con sequedad-. ¿Necesita su hermana atención médica?

– No, pero…

– Entonces, por favor, mueva su vehículo. Llevo dos horas de retraso y usted me está retrasando aún más.

– ¿Hay alguien más con quien podamos hablar?

– Angus está solo.

– ¿En esa enorme casa?

– Está acostumbrado a estarlo -dijo él-. Pero si le contenta, él no va a estar mucho más tiempo aquí. Mañana va a ser trasladado a la residencia de Dolphin Bay. Será mucho más fácil ir a visitarle allí, ¿no le parece? Pero si está planeando presionarle para que cambie su testamento, no se moleste. Si le acerca algún abogado, telefonearé a la policía.

– ¿Por qué está siendo tan desagradable?

– No estoy siendo más desagradable de lo que tengo que ser. Angus está harto de la presión familiar, y yo tengo mucha prisa.



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