
Tenía que prestar más atención a su apariencia, aunque por suerte o por desgracia Mark no habría notado nada aunque se hubiera puesto una minifalda por encima del ombligo. Y a Jane le partía el corazón, pero la verdad era que él no la veía como a una mujer.
– Papá, léeme un cuento.
– Estoy ocupado, Shuli -respondió Mark con cierta irritación. Su hija parecía feliz desde que se había ido la nueva niñera.
La pequeña le puso un libro sobre el regazo. Era un libro Viejo y muy desgastado,
– Quiero leer este -insistió ella. Al ver lo inútil de su negativa, Mark tomó el libro en sus manos.
– ¿De dónde ha salido esto?
– Me lo dio Jane -exclamó ella orgullosa-. Jane es muy buena. Quiero mucho a Jane.
– Sí, sí, lo sé -dijo él con una sonrisa. Abrió el libro y vio que en la primera página había algo escrito con letra infantil: «Este libro pertenece a Jane Carmichael». Era uno de los libros que Jane había llevado a la oficina para los días en que él no tenía donde dejar a Shuli y ella cuidaba de la niña. Quizá era eso lo único que quería su hija, ver a Jane. Echó un vistazo al reloj. ¿Por qué estaría tardando tanto?
– Léemelo, papá-insistió Shuli saltando a su regazo,
– Por favor -la corrigió él automáticamente.
– Por favor, papá… -dijo ella sonriente. Era la viva imagen de su madre. En los oídos de Mark resonó su voz suplicante. «Por favor, Mark, déjame…»
El sonido del coche que se detuvo frente a la casa lo liberó del doloroso recuerdo, mientras Shuli corría a la entrada. El la siguió y abrió la puerta, y su hija se lanzó a los brazos de Jane.
– ¿No te interesaría cambiar de trabajo? -preguntó Mark con una sonrisa-. Serías la niñera mejor pagada del país,
