
– No, gracias -repuso Jane con la niña en brazos mientras dejaba las carpetas y su ordenador sobre la mesa-. Además, Shuli no necesita una niñera, sino una madre. Siento haber tardado tanto. El tráfico estaba terrible. Me vendría bien un café.
– Adelante. Ya sabes dónde está todo. Yo también tomaré otro.
– ¿Vienes conmigo? -preguntó Jane a la pequeña.
– Yo también quiero café -dijo Shuli imitando a su padre.
– Oh, ¿café de naranja o café de manzana? -preguntó Jane muy seria. Shuli se echó a reír.
– Estaré en el estudio -dijo Mark, y salió de la habitación sacudiendo la cabeza.
– En un momento estaremos con usted.
Jane dejó la bandeja del café sobre el escritorio e instaló a la niña con un cuaderno y lápices de colores en otra mesa.
– Papá y yo vamos a estar ocupados un rato. Ahora quiero que me hagas un dibujo muy bonito para ponerlo en la oficina, ¿quieres?
– Vale.
– Buena chica- dijo Jane sonriente. Mark la miraba con admiración. Sirvió el café y revisaron rápidamente el correo de la mañana-. Ya lo he despachado casi todo.
– Como siempre. ¿Eso es todo?
– No -dijo ella. Había llegado la hora de la verdad-. Queda esto -con el corazón en un puño le tendió una hoja de periódico con un papel grapado.
– ¿Contactos? -preguntó él desconcertado-, ¿Qué es esto?
– Eso mismo, una sección de contactos. Le he preparado un anuncio para que lo revise.
– «Viudo, 34 años, con una hija pequeña, busca mujer cariñosa, N/F, SH, para RLP» -leyó Mark en voz alta. Levantó la vista del papel y dirigió a su secretaria una mirada interrogante.
– No fumadora -explicó ella alzando una ceja-, con sentido del humor, para relación a largo plazo.
– Jane, por favor, esto no irá en serio.
– ¿Por qué no? Su hija ha rechazado a cuatro niñeras expertas y altamente cualificadas en el mismo número de meses. Está intentando decirle de la única manera que puede que necesita algo más de lo que usted le da. Una madre. Y usted es la única persona que puede dársela.
