Del mismo modo, más eficaz que cazar animales habría sido atraparlos o arrearlos con fuego; y en cualquier caso no harían falta herramientas de piedra para recoger bayas, brotes de plantas comestibles y cosas por el estilo, que probablemente eran el alimento principal de esas gentes… Esos objetos de piedra están en la vitrina porque las trampas y redes se pudrieron, y porque son lo único que queda; de modo que los que se ganan la vida con esto pretenden que son importantes.

—Bien. ¿Y tú, David? Sé original, por favor. No repitas lo que acabas de oír.

David levanta del libro unos ojos azules que nos desdeñan a los dos.

—Si hubiera podido interrogarlos, le habrían dicho que lo importante eran la magia y la religión, las canciones que cantaban y las tradiciones populares. Mataban a los animales de sacrificio con mayales o conchas afiladas como navajas, y no dejaban que sus hombres engendraran hijos antes de haber pasado por el fuego y quedar lisiados de por vida. Copulaban con los árboles y ahogaban a los niños para honrar a los ríos. Eso era lo que importaba.

Sin cuello, la cara de Mister Million asintió.

—Ahora debatiremos la humanidad de esos aborígenes. David negativo y primero.

Le doy un puntapié, pero ha puesto las duras piernas pecosas bajo el cuerpo o las ha escondido tras las patas de la silla, lo cual es trampa.

—En la historia del pensamiento humano —dice, en su voz más inaceptable—, humanidad implica descendencia de lo que podríamos llamar Adán; es decir, la original estirpe terráquea, y si ustedes no lo entienden es que son un par de idiotas.

Espero a que continúe, pero ha terminado. Digo entonces, para ganar tiempo:

—Mister Million, no es justo dejar que me insulte en un debate. Dígale que eso no es debatir, es pelearse, ¿no?

Mister Million dice:

—Sin alusiones personales, David.

Esperando que yo siga un buen rato, David ya está echando un vistazo a Odiseo y Polifemo el cíclope. Acepto el desafío:



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