
También me resultaba difícil creer que Kim Hickle estuviera jugando arriba al Lego con los niños, sin enterarse de que abajo estaba Stuart molestándoles. No obstante, ellos la dejaron marchar.
En cuanto a Hickle, lo echaron a los lobos. Las cámaras de la televisión no se perdieron ni una sola imagen.
Hubo montones de interrupciones en el programa habitual para dar las últimas noticias del caso, repletas de entrevistas con los más charlatanes de mis colegas, y varios editoriales acerca de los derechos de los niños.
La palabrería duró dos semanas, luego la historia perdió atractivo y fue sustituida por la información de otras atrocidades, pues no faltan las historias poco agradables en Los Ángeles. La ciudad pare fealdad como un insecto predador pare sus larvas ensangrentadas.
A mí me consultaron en relación con el caso, a las tres semanas de la detención. Ahora la historia ya estaba en las páginas de atrás de los periódicos y alguien pensó al fin en las víctimas.
Las víctimas estaban pasando por un verdadero infierno.
Los niños se despertaban gritando en medio de la noche. Bebés que ya habían aprendido a hacer sus necesidades comenzaron de nuevo a cagarse encima. Niños que antes eran modositos y bien educados empezaron a pegar, morder y dar patadas sin provocación alguna. Y se daban muchos dolores de tripa y síntomas físicos ambiguos, así como los clásicos síntomas de la depresión: pérdida del apetito, inquietud, ensimismamiento, sensación de no valer nada.
Los padres estaban sumidos en un sentimiento de culpa y vergüenza, viendo o imaginando las miradas acusadoras de los familiares y amigos. Esposos y esposas se culpaban unos a otros. Algunos de ellos malcriaban a los niños agredidos, a base de mimarlos, incrementando así la inseguridad de sus hijos y molestando a sus hermanos. Más tarde, algunos de estos hermanos y hermanas llegaron a admitir haber deseado que también los hubieran molestado a ellos, con el fin de haber sido así merecedores del tratamiento especial. Luego, se habían sentido culpables por haber pensado en aquellas cosas.
