
—¡Y yo que había hecho tantos proyectos para ti, que ya te veía rica con tu belleza… ahora te prometes a un muerto de hambre!
—Pero no es un muerto de hambre —interrumpí tímidamente.
—¡Un chofer! —repitió moviendo los hombros—. ¡Un chofer!
Eres una desgraciada y acabarás como yo.
Dijo estas palabras despacio, como saboreando su amargura. Y al cabo de un rato añadió:
—Te casarás, tendrás que ser su criada, y ser la criada de tus hijos… Ahí tienes cómo acabará todo.
—Nos casaremos cuando tenga bastante dinero para comprarse un coche —dije anunciando uno de los proyectos de Gino.
—Haz lo que quieras, pero no me lo traigas aquí —gritó de pronto, levantando el rostro lleno de lágrimas—. No me lo traigas… no quiero verlo… haz lo que quieras, cítalo fuera… pero no me lo traigas aquí.
Aquella noche me fui a la cama sin cenar, muy triste y desolada. Pero me daba cuenta de que mi madre se comportaba de aquel modo porque me quería y había hecho para mi porvenir no sé qué proyectos y que mi noviazgo con Gino la desconcertaba. Más tarde, aun cuando supe cuáles eran aquellos proyectos, no tuve el valor de condenar a mi madre. A cambio de su vida honesta y laboriosa no había recibido más que amarguras, penalidades y miseria. ¿Qué podía extrañar que deseara para su hija una vida opuesta a la suya?
Debo añadir que, tal vez, más bien que unos planes propiamente dichos, debía de tratarse de unos sueños vagos y relumbrantes que, precisamente por esa vaguedad y ese relumbrón, podían ser acariciados sin demasiado remordimiento. Pero esto no deja de ser una suposición, y quizá mi madre, en el viejo extravío de su conciencia, había decidido realmente dirigirme un día hacia aquel camino que más tarde debía yo, fatalmente, emprender sola. Si digo estas cosas no es por rencor contra mi madre, sino porque todavía hoy tengo mis dudas acerca de lo que ella pensaba entonces y porque sé por experiencia que pueden sentirse y pensarse al mismo tiempo las cosas más diversas sin notar su contradicción y escoger una de ellas con preferencia a las demás.
