—Yo, si hiciera todo eso, no sólo no se lo impediría sino que la ayudaría a hacerlo… Sí, la ayudaría, la ayudaría… naturalmente, si se lo pagaran —añadió, como reflexionando de pronto.

—Estoy convencido de que no sería usted capaz —dijo Gino sin descomponerse.

—¿Que no sería capaz? Eso lo dice usted… ¿Qué cree? ¿Que estoy satisfecha de que Adriana se haya hecho novia de un hombre sin porvenir como usted, de un chofer? ¿Y que no preferiría mil veces que se diera a la vida? ¿O es que va a imaginarse que me gusta que Adriana, con su belleza, por la que tantos pagarían billetes de mil, se condene a ser su criada para toda la vida? ¡Pues bien, se equivoca… se equivoca de plano!

Mi madre gritaba, todos nos miraban y yo enrojecía cada vez más de vergüenza. Pero Gino, como he dicho antes, no parecía alterarse. Aprovechó un instante en que mi madre, sin aliento, guardó silencio, para coger la botella, llenarle el vaso y decir:

—¿Otro poco de vino?

Mi madre, pobrecilla, no tuvo más remedio que decir: «Gracias» y aceptar el vaso que Gino le ofrecía. La gente, como nos veía bebiendo, a pesar de la borrasca, como si no sucediera nada, volvió a sus conversaciones. Gino dijo:

—Adriana, con su belleza, merecería hacer la vida que hace mi dueña.

—¿Y qué vida hace? —pregunté con interés, deseosa de desviar la conversación de mi propia persona.

—Por la mañana —contestó Gino con un tono fatuo y vanidoso, como si de la riqueza de sus amos le correspondiera a él algún lustre—, se levanta a las once o a mediodía… Le llevan el desayuno a la cama, en una bandeja de plata, con todas las piezas de plata maciza… Después se baña, pero antes la doncella echa en el agua unas sales que la perfuman. A mediodía, la llevo en el coche a dar una vuelta… Va a tomar el aperitivo o de compras… Vuelve a casa, come, duerme la siesta y, al cabo de dos horas largas, se viste… Tendríais que ver cuántos vestidos tiene… Armarios llenos… Va de visitas, también en coche, y después a cenar… Por las noches, al teatro o a un baile… A menudo recibe a gente en casa y juegan, beben, hacen música… Es gente rica, pero rica de verdad.., Sólo en joyas creo que mi ama tiene muchos millones.



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