para concentrarse en la subasta que sir Desmond acababa de mencionar, la de unaalhaja histórica de gran valor llamada la Rosa de York. Se trataba de undiamante cabujón de buen tamaño, que en otros tiempos constituía el centro deun aderezo cuyos otros elementos habían desaparecido sin dejar rastro y querepresentaba las armas de la familia de York. En aquel entonces la joya sellamaba la Rosa Blanca, y había sido regalada al duque de Borgoña, Carlos elTemerario, por su tercera esposa, la princesa inglesa Margarita, con ocasión desus esponsales, celebrados en Damme el 3 de julio de 1468. Después de ladesastrosa batalla de Grandson, la alhaja se había esfumado junto con la mayorparte de los tesoros de Carlos el Temerario.

Pero la historia del diamante no comenzaba con ladinastía inglesa, sino que se remontaba a una época casi inmemorial. El cabujónhabía sido traído de la India por las caravanas de la reina de Saba, y ésta selo había regalado al rey Salomón. Entonces fue engastado junto con otras oncepiedras preciosas en una gran placa de oro llamada pectoral del Sumo Sacerdotey elaborada por orden del Rey Sabio para el Templo de Jerusalén.

Después de haber padecido muchos avatares, elpectoral seguía existiendo, si bien le faltaban algunas piedras. A la sazónpertenecía a un hombre extraordinario, fuera de lo común: un judío cojo ytuerto, muy rico pero sobre todo muy culto y misterioso, conocido como SimonAronov. Una noche de la última primavera, Aldo Morosini había sido invitado areunirse con él en una vivienda secreta, a la que llegó después de un largorecorrido por las bodegas y los sótanos existentes bajo el gueto de Varsovia.

Lo que Simon Aronov quería era muy sencillo: queese europeo experto en joyas antiguas le ayudara a recuperar las cuatro piedrasque faltaban en el pectoral. Le movía una ambición muy noble, ya que unatradición judía auguraba que Israel recobraría su patria y su soberanía cuandose le devolviera, completamente restaurado, ese símbolo de las Doce Tribus.



12 из 315