
Pero la historia del diamante no comenzaba con ladinastía inglesa, sino que se remontaba a una época casi inmemorial. El cabujónhabía sido traído de la India por las caravanas de la reina de Saba, y ésta selo había regalado al rey Salomón. Entonces fue engastado junto con otras oncepiedras preciosas en una gran placa de oro llamada pectoral del Sumo Sacerdotey elaborada por orden del Rey Sabio para el Templo de Jerusalén.
Después de haber padecido muchos avatares, elpectoral seguía existiendo, si bien le faltaban algunas piedras. A la sazónpertenecía a un hombre extraordinario, fuera de lo común: un judío cojo ytuerto, muy rico pero sobre todo muy culto y misterioso, conocido como SimonAronov. Una noche de la última primavera, Aldo Morosini había sido invitado areunirse con él en una vivienda secreta, a la que llegó después de un largorecorrido por las bodegas y los sótanos existentes bajo el gueto de Varsovia.
Lo que Simon Aronov quería era muy sencillo: queese europeo experto en joyas antiguas le ayudara a recuperar las cuatro piedrasque faltaban en el pectoral. Le movía una ambición muy noble, ya que unatradición judía auguraba que Israel recobraría su patria y su soberanía cuandose le devolviera, completamente restaurado, ese símbolo de las Doce Tribus.
