casa de los Ferrals. Es un compatriota de Anielka, un polaco llamado Stanislasque había servido a su padre y con quien ella se había topado por azar. Conánimo de ayudarle, Anielka lo había hecho contratar como miembro del serviciodoméstico en la mansión de Grosvenor Square. Un muchacho desde luego bieneducado y que realizaba sus tareas con la discreción adecuada. Por desgracia,desapareció poco antes de que llegara la policía.

Tal fue la indignación de Morosini que seatragantó.

—¿Dice que desapareció? ¿Y es a Anielka a quien detienen?¡Pero si lo lógico hubiera sido correr para atraparlo!

—Puede estar seguro que es justamente lo que haceScotland Yard. Lo malo es que al parecer Anielka le tiene a ese tal Stanislasmás cariño del que corresponde. Cuando un inspector de policía anunció que nolo encontraban en ningún sitio, ella estalló en sollozos y balbució queseguramente se habría asustado, pero que sin duda iba a regresar y que le costabacreer que tuviera parte alguna en el asunto..., o algo por el estilo. No lorecuerdo muy bien, aunque lo que nunca olvidaré es la furia repentina queembargó al secretario. Sin la menor vacilación, cubrió de insultos a la pobrecriatura y afirmó que no era de extrañar que intentase proteger a su amante.Fue un verdadero horror, se lo aseguro, pero no podría decirles nada más. Unavez que hube hecho mi declaración ante el superintendente... un hombre, porcierto, extremadamente cortés..., me acompañaron a casa y no he tenido máscontacto con la policía —concluyó la duquesa, satisfecha de haber desempeñadoun papel importante en una tragedia y de haberlo hecho con sumo placer—. Peroveo que se ha quedado muy pálido, querido príncipe —añadió—. Se diría que estapenosa historia significa mucho para usted.

Significaba mucho más de lo que ella podíasuponer. Lo que Aldo acababa de escuchar le trastornaba hasta el punto dehacerle olvidar por un instante dónde se hallaba. Adalbert se dispuso asocorrerle. Sabía, desde su primer encuentro con lady Danvers, que ésta no erademasiado inteligente, pero temía que el temperamento italiano de su amigo leempujara a armar un escándalo. De modo que se apresuró a hacer un comentarioque relajara un poco el ambiente.



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