
– Encontró un cadáver. Donde decía la nota, debajo del hormigón. Es…
– ¿Cuánto hace que la mataron?
– Todavía no lo sabemos, pero es viejo. Por eso te llamaba. Necesito que vayas allí durante la pausa para comer y veas qué puedes averiguar. Quiero que me digas si es una víctima del Fabricante de Muñecas o tenemos a otro zumbado tocándonos los cojones. Tú eres el experto. Sal cuando el juez ordene la pausa para comer. Nos reuniremos allí. Y volverás a tiempo para las exposiciones iniciales.
Bosch se sintió entumecido. Ya necesitaba otro cigarrillo. Trató de situar todo lo que Pounds acababa de decirle y darle cierto orden. El Fabricante de Muñecas, Norman Church, llevaba cuatro años muerto. No hubo ningún error. Bosch lo supo esa noche. Todavía lo sabía instintivamente. Church era el Fabricante de Muñecas.
– Entonces, ¿esa nota acaba de aparecer en el mostrador?
– El sargento de guardia la encontró en el mostrador de información hace cuatro horas. Nadie vio quién la dejó. Entra y sale mucha gente por las mañanas. Además, tenemos cambio de turno. Le pedí a Meehan que subiera y hablara con los uniformados de la entrada. Nadie recuerda nada de la nota hasta que la vieron.
– Mierda. Léamela.
– No puedo. La tienen los de investigaciones científicas. No creo que haya ninguna huella, pero hay que cumplir con el protocolo. Conseguiré una copia y la llevaré a la escena del crimen, ¿de acuerdo?
Bosch no contestó.
– Ya sé qué estás pensando -dijo Pounds-. Pero vamos a calmarnos hasta que veamos de qué se trata. Todavía no hay razón para preocuparse. Puede ser alguna maniobra de esa abogada, Chandler. Haría cualquier cosa para arrancar otra cabellera de un poli del departamento. Le encanta salir en los periódicos.
– ¿Y los medios? ¿Ya se han enterado?
– Hemos recibido algunas llamadas preguntando por el descubrimiento de un cadáver. Deben de haberse enterado por algún capullo del forense. No deberíamos hablar por radio. Bueno, nadie sabe nada de la nota ni del vínculo con el Fabricante de Muñecas. Sólo saben que hay un cadáver. Supongo que el hecho de que lo hayan encontrado debajo del suelo de un edificio destruido en los disturbios tiene morbo.
