
– Pues estuve a punto de hacerlo hasta que me di cuenta de que iba a estar de trop, de modo que me contenté observando vuestros perfiles, el suyo más que el tuyo, la verdad sea dicha, con más curiosidad de lo que impone la buena educación. ¿Me equivoqué al detectar cierta… compostura? ¿O debería decir contención?
Dalgliesh no respondió, y al observar su rostro y sus delicadas manos, que por un segundo se crisparon en torno al volante, Ackroyd juzgó prudente cambiar de tema.
– Al final he decidido prescindir de las habladurías en la Review -prosiguió-. No merece la pena publicarlas a menos que sean rumores recientes, rigurosos y difamatorios, y en ese caso corres el riesgo de que te denuncien. A la gente le gusta tanto poner pleitos… Estoy intentando diversificarme un poco, de ahí lo de esta visita al Dupayne. Estoy escribiendo una serie de artículos sobre el asesinato como símbolo de su época, o el asesinato como historia social, si lo prefieres. Nellie cree que con esto sí podría obtener el éxito de mi vida, Adam. Está muy entusiasmada. Mira los famosos crímenes Victorianos, sin ir más lejos; no podrían haber ocurrido en ningún otro siglo: esos salones atestados de objetos claustrofóbicos, la respetabilidad de cara a la galería, la sumisión ciega de la mujer… Y el divorcio, si es que la esposa encontraba motivos para justificarlo, algo que ya de por sí resultaba bastante difícil, la convertía en una paria social. No es de extrañar que las pobrecillas empezaran a empapar de arsénico las tiras matamoscas. Sin embargo, ésos son los años más fáciles; los de entreguerras resultan más interesantes. En el Dupayne hay una sala dedicada a los casos de asesinato más famosos de las décadas de los veinte y los treinta, no para despertar el interés del público, te lo aseguro, pues no se trata de esa clase de museos, sino para demostrar lo que quiero poner de relieve: el asesinato, el crimen por excelencia, es un paradigma de su época. -Hizo una pausa y miró fijamente a Dalgliesh por primera vez-. Pareces un poco cansado, jovencito. ¿Va todo bien? No estarás enfermo…
