
– Él me matará -dijo inexpresivamente, quizá con un punto de resignación-. Tengo que avisar a los demás. -Sus palabras sonaron secas, como piel tensada a punto de rasgarse.
– Señora Millstein, por favor, nadie va a matarla. Yo no lo permitiré.
Ella parecía haberse ensimismado completamente, como si Simon ya no estuviera allí. Al cabo de un instante se estremeció, como si le hubiese impactado físicamente algún recuerdo. Se volvió lentamente hacia el viejo detective y movió la cabeza apesadumbrada.
– Era tan joven y estaba tan asustada… Todos lo estábamos. Fueron tiempos terribles, señor Winter. Todos nos ocultábamos y nadie pensaba que pudiera sobrevivir más allá del minuto siguiente o poco más. Es espantoso, señor Winter, experimentar eso cuando eres joven. Después, allá donde te escondas la muerte parece seguirte.
Simon asintió con la cabeza. Necesitaba que ella siguiera hablando, porque tal vez así acabaría volviendo al presente.
– Por favor, continúe.
