
También nos divertíamos en el laberinto que era la Ciudadela y nadábamos en la gran cisterna bajo el Torreón de la Campana. El lugar era frío y húmedo, inclusive en el verano, bajo el techo abovedado junto al estanque circular de aguas infinitamente profundas y oscuras. Pero apenas era peor en invierno, y tenía la suprema ventaja de ser un lugar prohibido, de modo que nos deslizábamos hasta allí en secreto, cuando se suponía que estábamos en alguna otra parte, y no encendíamos las antorchas hasta después de haber cerrado detrás de nosotros la compuerta enrejada. Entonces, cuando las llamas subían desde el alquitrán ardiente, ¡cómo bailaban nuestras sombras sobre esos fríos muros!
Como ya dije, el otro lugar donde nadábamos era el Gyoll, que atraviesa Nessus como una gran serpiente fatigada. Cuando llegaba el tiempo cálido, íbamos juntos hasta allí a través de la necrópolis: primero dejábamos atrás los viejos sepulcros consagrados que estaban más cerca del muro de la Ciudadela, luego marchábamos entre las jactanciosas casas mortuorias de los optimates, después atravesábamos la selva de piedra de los monumentos comunes (tratábamos de parecer muy respetables cuando teníamos que pasar junto a los guardias corpulentos apoyados sobre sus pértigas). Y por fin cruzábamos la llanura donde había montículos desnudos que señalaban la inhumación de los pobres, montículos que se convertían en charcas después de la primera lluvia.
En el margen más bajo de la necrópolis se levantaba el portal de hierro que ya he descrito. A través de él se transportaban los cuerpos destinados a los yacimientos del alfarero. Cuando dejábamos atrás esos portones herrumbrosos, sentíamos por primera vez que estábamos realmente fuera de la Ciudadela, y por tanto infringiendo claramente las reglas que gobernaban nuestras idas y venidas. Creíamos (o fingíamos hacerlo) que seríamos torturados si nuestros hermanos mayores descubrían la infracción; en realidad, no sufriríamos nada peor que una tunda, tal es la bondad de los torturadores a los que yo iba a traicionar.
