Mucho mayor peligro había para nosotros en los elevados edificios de apartamentos que bordeaban la calle sucia por donde marchábamos. A veces pienso que el gremio ha durado tanto tiempo porque encauza de alguna manera el odio del pueblo, desviándolo del Autarca, los exultantes y el ejército y aun, en cierto grado, de los pálidos cacógenos que a veces visitan Urth desde las estrellas más lejanas.

El mismo presentimiento que indicaba a los guardianes nuestra identidad, parecía informar también a los residentes de los edificios; a veces nos arrojaban agua sucia desde las ventanas altas, y nos seguía un murmullo de enfado. Pero el miedo que engendraba ese odio también nos protegía. No se empleaba verdadera violencia contra nosotros, y una o dos veces, cuando se sabía que algún braviograve tiránico o un burgués venal había sido entregado a la misericordia del gremio, recibíamos vociferantes sugerencias sobre qué hacer con él: la mayoría obscenas y muchas imposibles.

En el lugar donde nos bañábamos, el Gyoll había perdido sus orillas naturales cien años atrás. Aquí había una extensión de nenúfares azules de dos cadenas de ancho encerrada entre paredes de piedra. Peldaños destinados al desembarco de botes conducían al río en diversos puntos; los días de calor cada uno de los peldaños era ocupado por una pandilla de diez o quince muchachos pendencieros. Nosotros cuatro no teníamos tanta fuerza como para dispersar a esos grupos, pero ellos no podían (o por lo menos no querían) negarse a admitirnos, aunque nos amenazaban siempre que nos acercábamos, y luego se burlaban de nosotros cuando estábamos entre ellos. Pero poco después, empezaban a alejarse dejándonos dueños exclusivos del lugar hasta el próximo día de natación.

Decidí describir todo esto, porque nunca volví allí desde el día en que salvé a Vodalus. Drotte y Roche creían que era porque yo temía que nos quedásemos afuera después de cerrar. Eata sospechaba la verdad, creo; antes de acercarse demasiado a la virilidad, los muchachos tienen casi una intuición femenina. Fue a causa de los nenúfares.



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