Estaba mucho más cerca ahora, y en un instante pude verlo a través de la niebla, muy alto, esbelto y sin sombrero, junto al hombre más corpulento con el que yo chocara. Embozada de negro, una tercera figura era, aparentemente, la mujer. Al perder el aliento, yo había perdido también la fuerza de mis piernas y brazos, pero me las compuse para rodar sobre mí mismo y ocultarme tras la base de una estatua, y una vez seguro allí, espié otra vez.

Mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad. Pude distinguir la cara en forma de corazón de la mujer, y advertí que era casi tan alta como el hombre esbelto que ella había llamado Vodalus. El hombre corpulento había desaparecido como agua vertida en un pozo, pero le oí decir muy cerca de mí: —Más cuerda. —Entonces vi algo oscuro (tiene que haber sido la copa del sombrero) que se acercaba a los pies del otro hombre, y comprendí que eso era casi precisamente lo que le había sucedido… Había un boquete allí, y el hombre estaba dentro.

La mujer preguntó: —¿Cómo se encuentra?

—Fresca como una rosa, señora. Apenas hiede y no hay por qué preocuparse. —Con una agilidad que me sorprendió, abandonó el boquete de un salto. —Ahora deme un extremo y yo tomaré el otro, señor, y la sacaremos como una zanahoria.

La mujer dijo algo que no pude oír, y el hombre esbelto replicó: —No tenías por qué venir, Thea. ¿Qué pensarían los demás si yo eludiera todos los riesgos? —Él y el hombre corpulento jadeaban mientras tiraban de la cuerda. De pronto vi que algo blanco aparecía debajo de ellos. Se inclinaron para levantarlo. Como si un amschaspand los hubiera rozado con una varilla radiante, la niebla giró y se apartó dejando caer un rayo verde de luna. Habían sacado el cadáver de una mujer. Los cabellos, que habían sido oscuros, estaban ahora desordenados alrededor de la cara lívida; tenía puesta una túnica larga de color pálido.



6 из 294