
—Ya ven —explicó el hombre corpulento—, como le dije antes, señor, señora, en diecinueve veces de cada veinte no hay ningún riesgo. Sólo tenemos que llevarla fuera de la muralla.
El hombre calló y oí que alguien gritaba. Tres de los voluntarios bajaban por el sendero del borde del valle.
—Manténgalos apartados, señor —gruñó el hombre corpulento echándose el cadáver al hombro—. Yo me haré cargo y llevaré a la señora a lugar seguro.
—Tómala —replicó Vodalus. La pistola que le alcanzó reflejó la luz de la luna como un espejo.
El hombre corpulento la miró asombrado.
—Nunca he usado ninguna, señor…
—Tómala, puede que la necesites. —Vodalus se agachó, y se levantó sosteniendo lo que parecía un bastón oscuro. Hubo un golpeteo de metal sobre madera, y en el lugar del bastón, una hoja estrecha y brillante. —¡Guardaos! —exclamó.
Como si una paloma hubiera comandado de pronto un arctótero, la mujer tomó la pistola brillante de manos del hombre corpulento, y juntos retrocedieron en la niebla.
Los tres voluntarios habían vacilado. Uno de ellos se apartó hacia la derecha y otro hacia la izquierda para atacar desde tres lados. El hombre del centro (todavía en el sendero blanco de huesos rotos) sostenía una pica, y uno de los otros un hacha.
El tercero era el conductor con el que había hablado Drotte fuera del portal.
—¿Quién es usted? —le preguntó a Vodalus—. ¿Y qué poder del Erebus le da derecho a venir aquí y hacer algo semejante?
Vodalus no contestó, pero la punta de su espada miraba a uno por uno, como un ojo.
El conductor dijo con un rechinar de dientes: —Todos juntos ahora y lo tenemos. — Pero avanzaron titubeando, y antes de que lo cercaran, Vodalus saltó hacia delante. Vi que la hoja relampagueaba en la penumbra y oí que chirriaba contra la cabeza de la pica, un resbalón metálico, como si una serpiente de acero se deslizara por un leño de hierro. El hombre que esgrimía la pica chilló y retrocedió de un salto; Vodalus también saltó hacia atrás (creo que temiendo que los otros dos lo atacaran por la espalda), pareció que perdía el equilibrio, y cayó.
