
Menma se dirigió a la imponente silueta de la sala de asambleas, uno de los pocos edificios grandes y de piedra del rath. La otra construcción de piedra era la capilla del padre Gormán. Las caballerizas estaban en la parte trasera de la construcción redondeada, justo detrás del hostal de huéspedes. Para acceder a las cuadras, Menma tenía que tomar un sendero en curva que rodeaba los edificios anexos de madera y conducía a la mansión de piedra que albergaba las habitaciones del jefe del clan y su familia. Menma lanzó una mirada celosa a los edificios. Eber se quedaría roncando en su cama hasta después del amanecer.
Menma sonrió con lascivia detrás de su densa barba. Se preguntó si alguien estaría compartiendo el lecho con Eber esa noche. Luego frunció el ceño enojado. ¿Por qué Eber? ¿Por qué no él? ¿Qué tenía de especial Eber para poseer riquezas y poder llevarse a las mujeres a su cama? ¿Por qué el destino lo había hecho a él un humilde caballerizo? ¿Por qué…?
