No volvió la cabeza hacia la cumbre de la montaña en ningún momento, ni miró hacia el sol y la mota de plata oculta en su luminoso resplandor. Lo emocionante era el ascenso. El descenso, como siempre, sería más peligroso.

A los cinco mil cuatrocientos metros hubo un sutil pero significativo cambio en los alrededores. Aún estaba muy por encima de la línea de vegetación, pero ya la superficie de la montaña era más áspera y más quebrada. Incluso podía escoger entre los caminos que se abrían ante él, cosa que no ocurría cuando el escalador se hallaba por encima de los seis mil metros. Rob se detuvo para desconectar el tubo del oxígeno y se aflojó la máscara. Siguió bajando despacio, intentando pensar en el camino que tenía por delante y no en el placer de la comida y los baños calientes que al cabo de algunos días podría disfrutar.

Sus orejeras le habían impedido oír el ruido producido por la nave. La descubrió ante sus ojos a cien metros de distancia, cuando ésta descendía hacia la ladera, donde permaneció sobre sus columnas de aire. Era un biplaza, y de los caros. Cuando se acercó suavemente a él, Rob vio a la piloto que con toda calma alineaba la puerta de salida con un pedazo de terreno llano formado por guijarros. Se detuvo y esperó a que ella conectara el piloto automático, abriera la puerta y bajara a la superficie pedregosa a veinte metros de él.

—¿Te ahorro el resto del camino? Ya has cubierto la parte difícil.

Iba vestida con un traje acolchado apropiado para la nieve, con la cabeza y los antebrazos descubiertos. El rostro era delgado y oscuro, con ojos vivaces y una boca de labios carnosos y gesto divertido sobre el enérgico mentón. Sus modales eran muy informales, pero Rob estaba seguro de que no se conocían. Recordaría la piel oscura y esos sorprendentes ojos pálidos y animados.

La miró un momento y pensó de pronto en el deleite de un largo y lujurioso baño de inmersión en agua y vapor, consciente de su propia suciedad. Era una oferta tentadora, y ella tenía razón, la parte más difícil había pasado. Después de unos segundos negó con la cabeza.



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