
—Ya que he llegado hasta aquí, quiero terminarlo yo solo. Además, tengo todas mis cosas en Suget Jangal.
—Me coge de paso. Allí también puedes darte un baño caliente.
Parecía leerle el pensamiento; aunque también podría ser que le oliera a cuatro pasos de distancia.
—Supongo que te hace falta un buen baño —continuó ella—. Once días en la montaña es mucho tiempo.
—Demasiado. —La miró con curiosidad—. ¿Controlaste mi partida de Suget?
—Sí. Y no te he quitado los ojos de encima durante los últimos días.
No mostraba ninguna vergüenza por haber invadido lo que él había creído su intimidad. La estudió mejor. Era baja, mediría poco más de un metro cincuenta, y delgada. No tendría más de veinte años, pero se mostraba realmente muy segura de sí misma. Rob se acomodó la mochila, se restregó la barba de once días y contempló la nave que esperaba.
—Y yo creía, inocente de mí, que me hallaba solo aquí arriba. Vaya aislamiento. ¿Por qué no me has esperado en Suget Jangal? Estaré allí dentro de tres días.
—Claro, y rodeado de veinte personas. Por eso no me he quedado allí. ¿Sabías que hay cuatro grupos de empresas en el hotel, el único hotel, esperando el regreso de Rob Merlin? Te escabulliste antes de que pudieran hablar contigo después de tu último contrato. Ahora quieren ser los primeros en hacerte sus ofertas para el próximo.
—No me sorprende. Me empezaron a perseguir antes de que terminara. Por eso me apresuré, para tener un poco de tiempo para mí solo. Supongo que fue muy fácil localizarme. —Rob frunció el ceño. Las líneas que cruzaron su lisa frente lo avejentaban—. Y tú eres una más, supongo, pero querías llegar antes que ellos. Bien, la respuesta sigue siendo no. Voy a terminar el descenso. Deberías haberte informado mejor. De haberlo hecho, sabrías que no trato con intermediarios, y sabrías que no permito que nadie me presione para firmar un contrato antes de tiempo.
