
—Será necesario que introduzcas mejoras en la Araña, que la aceleres en un factor de veinte. No conozco los detalles, pero eso dijo Regulo.
—¡Dios santo! —Rob volvió a restregarse la barba y resopló—. ¿Tienes idea de la velocidad de la Araña? No sé nada de Regulo, excepto su fama como excelente ingeniero, pero sobre esto el viejo no sabe lo que dice. Escúchame, Cornelia…
—Corrie.
—Bueno, Corrie. Estoy intrigado, como tú querías. Pero tendré que saber mucho más de lo que quiere Regulo antes de decidir nada. Estoy seguro de que habéis estudiado mi currículum y sabéis que no tengo ninguna experiencia en construcciones fuera de la Tierra. Ahora bien, lo único que yo sé de Regulo es que jamás trabaja aquí en la Tierra. Es el «Rey de los Cohetes» para trasladar materiales por todo el Sistema Solar. ¿Por qué le intereso, entonces?
—Repites lo que dicen los periodistas, que no saben nada. —Suspiró—. Regulo odia los cohetes. Ya lo verás en tu primera entrevista con él. Desearía que recibieras la información directamente de él. —Se quedó pensativa un momento y luego se inclinó hacia él. Tenía la piel clara y lisa, un profundo bronceado debajo del cual había marfil—. Escucha, hay muchísimas personas que no llegarían a ver a Regulo jamás, aunque se pasaran un año intentándolo. Es un hombre muy reservado y está obligado a vivir fuera de la atmósfera de la Tierra, con poca gravedad. No le interesa la publicidad, ni siquiera le interesa corregir las tonterías que se dicen de él. Pero hay un rumor que es verdad: Regulo se queda con el dos por ciento de todo lo que se transporta en el Sistema, y eso incluye materiales que van hacia la órbita de la Tierra o que vienen de ella. Si fuera cuestión de dinero, Regulo podría ganarle a cualquiera en el Sistema. Si es eso lo que te preocupa, olvídalo. Pero si lo que buscas en un proyecto es algo más que el dinero, y yo creo que así es, entonces debes venir a ver a Regulo. Te doy mi palabra de honor de que te fascinará lo que va a proponerte.
