Rob la estuvo observando con atención mientras la muchacha hablaba, fijándose más en el estilo que en las palabras. Asintió y miró hacia adelante.

—Me arriesgaré a perder uno o dos días. Estaremos en Suget Jangal dentro de veinte minutos. Quiero darme un baño y comer algo caliente, luego estaré listo para ir contigo. ¿Dónde está ahora Regulo?

—Nos espera en una base provisional en el espacio, en una órbita geoestacionaria sobre Entebbe. Viajaremos en dos etapas. Desde aquí hasta Nairobi en esta nave (eso nos llevará unas tres horas) y luego cogeremos un Remolcador desde allí hasta la órbita geosincrónica. ¿Cuánto tiempo necesitas para estar listo? No olvides que debes hallar la manera de eludir a la gente que te espera en el hotel.

—Tengo experiencia —dijo Rob, encogiéndose de hombros—. No pueden obligarme a que hable con ellos. Pero, ¿cómo sabremos cuándo sale el próximo Remolcador? Puede no haber ninguno hasta dentro de veinticuatro horas. ¿Qué sentido tiene salir de aquí tan rápido si luego tenemos que esperar en Nairobi?

Cornelia Plessey había vuelto a los controles y se preparaba para aterrizar en el primitivo aeropuerto de Suget Jangal. No era más que un largo trecho de roca plana. Se volvió a Rob un momento, con una mirada divertida en los pálidos ojos azules.

—Deberás acostumbrarte a la idea de que las cosas son diferentes cuando empiezas a trabajar para Darius Regulo. Dudo de que haya ningún Remolcador con partida prevista para dentro de doce horas, al menos. Pero lo habrá para cuando lleguemos. ¿Cuánto tardarás en regresar a la nave?

—Dame una hora. —Rob comenzó a bajarse apenas la nave se detuvo y quedó en suspenso en el aire. Luego se volvió y vaciló antes de bajar—. Dejaré la mochila aquí para ahorrar tiempo. Sólo por curiosidad, ¿qué habrías hecho si tu argumento no hubiera funcionado? ¿Qué tal si te hubiera dicho que te hicieras humo, cuando intentaste convencerme de subir a ver a Regulo?



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