Milésimas de segundo después de que la presión interna descendiera a menos de un cuarto de atmósfera, se enviaron señales de radio a los Satélites de Búsqueda y Rescate que vigilaban la Tierra constantemente desde una órbita polar baja. Al mismo tiempo, el ordenador estimó el daño causado en la estructura de la nave y decidió que era imposible descender. La bomba puesta en la bodega había destruido por completo el ensamblaje trasero. Tres pasajeros que iban sentados en la parte de atrás fueron arrancados de la nave por la presión aerodinámica. Con ellos se había ido la caja oblonga de Julia Merlin con el cuerpo del Duende dentro. Los pasajeros y la caja cayeron juntos hacia las oscuridades del Océano Antártico.

El ordenador consideró la zona que ocupaban los restantes pasajeros, calculó una probabilidad máxima de supervivencia para el grupo y cerró las puertas traseras de emergencia y las que cruzaban la cabina. Tres tripulantes quedaron atrapados más allá de las puertas.

El oxígeno reservado para casos de emergencia llenó la parte delantera de la cabina. El plástico de las puertas de emergencia se hinchaba bajo la presión, pero resistió. Cuatro segundos después de la explosión, la atmósfera volvió a ser respirable. Mientras los pasajeros restantes aspiraban a bocanadas el oxígeno y se apretaban los oídos intentando aliviar el espantoso dolor producido por los súbitos cambios de presión, el ordenador comenzó la Fase Dos.

Las superficies traseras de control habían desaparecido. El ordenador cortó toda la potencia de vuelo, lanzó la unidad de reactor nuclear una fracción de segundo antes de que pudiera hacerlo el capitán, y envió un lugar estimado de aterrizaje al Sistema de Búsqueda y Rescate.

El paracaídas de freno trasero también se había perdido. La velocidad de impacto, incluso desplegando el freno delantero, sería demasiado alta. El ordenador orientó todos los alerones para disminuir la velocidad de descenso.



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