
Pronto apareció la cabeza, desnuda a la luz del largo día. Para una zona alta en el casco polar, la temperatura era moderada. El recién nacido salía a una atmósfera a treinta grados bajo cero y una brisa que hacía descender la temperatura diez grados más. Los muslos de Julia Merlin ofrecían escasa protección.
El Equipo de Búsqueda y Rescate salió de Porpoise Bay apenas recibida la petición de auxilio. Llegaron a gran velocidad al lugar del accidente, lo sobrevolaron y enseguida encontraron los restos del avión. Primero atendieron a los pasajeros que seguían dentro del avión. Luego el equipo se dispersó por el hielo, en busca de otros supervivientes.
El cuerpo de Julia Merlin fue el último que hallaron. Pero a pesar de eso, estuvieron a punto de llegar a tiempo.
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«ENSALZA, ALMA MÍA, AL REY DE LOS CIELOS, PÓSTRATE ANTE ÉL CON ALABANZAS»
El sol de la mañana, al elevarse despacio en el cielo, arrojó una amplia faja de luz sobre la cara sudeste de K-2. El rayo de luz trepó por las escarpadas paredes de hielo y roca hasta la diminuta figura que se aferraba como una excrecencia contra la ladera de roca. Cuando la luz llegó a su máscara, la figura se agitó dentro del saco de dormir, buscando los anteojos que le protegerían los ojos de los feroces rayos ultravioleta. Un momento después sacó la cabeza del saco de dormir y miró a su alrededor. El tiempo continuaba estable, sin nubes y con poco viento. Miró hacia arriba. La cumbre no se veía a causa del saliente de la roca, pero debía de estar a menos de seiscientos metros de altura, destacando en el cielo de un azul profundo.
