
Ella no quería aquel indulto, y alargó la mano hacia él.
– Quienquiera que sea, dejará un mensaje, Grey, no te vayas.
– Debe ser Robert, debí llamarlo hace una hora -él levanto la mano de Abbie y se la besó-. ¿Por qué no vas a ver si encuentras algo para la cena?
– Bueno, ¡qué cara! Gracias, señor -murmuró ella, cuando él se dirigió a su estudio. Era la primera vez que ella había quedado en tercer lugar, después de una llamada y de la comida.
– ¿Grey?
Grey alzó la vista del plato que había preparado Abbie con lo poco que había en la nevera.
– ¿Podemos hablar?
– ¿Mmmm? -Grey había estado distraído después de hablar con Robert. Pero en ese momento la miró y le dijo-: Venga, te escucho.
«Quiero tener un hijo, un hijo tuyo», pensó ella.
Pero eran palabras un poco fuertes para plantear el tema. No era lo mejor. Pero como le había dicho que la había echado de menos, y que había estado mucho tiempo fuera, se animó.
– Me pregunto qué te parece la idea de formar una familia.
Grey alzó la vista, momentáneamente confuso.
Luego negó con la cabeza y dijo:
– Dejémoslo ahora, Abbie. No es un buen momento.
Ella jamás hubiera sospechado aquella respuesta.
– ¿Que no es buen momento? ¿Qué diablos quieres decir? ¿Acaso no has dicho que hemos estado separados mucho tiempo? -dijo ella contrariada.
La atmósfera que se respiraba era tensa.
– ¿Y crees que un niño va a arreglar eso? -Grey se apoyó en el respaldo de la silla, abandonando todo intento de comer-. ¿No te parece que es una solución un poco drástica?
Abbie se sintió confusa, dolida. Era cierto que tal vez el momento no fuera el ideal, pero, ¿no era un poco exagerado?
– Pensé que… los dos queríamos un niño.
– Sí -admitió él con frialdad-. Pero hicimos un trato, Abbie. No tener niños hasta que tú puedas tener todo el tiempo para ellos.
