Everard permaneció sentado y miró al otro hombre.

—¿Fue muy profunda la investigación realizada en el lado chino? —dijo—. ¿Estás completamente seguro de que no hay intervención extratemporal? Podría ser uno de esos fallos no planificados, ya sabes, cuyas consecuencias no son evidentes hasta décadas después.

—También lo pensé, cuando recibí la orden —asintió Sandoval—. Incluso fui directamente al cuartel general del entorno Yuan en Kan Baligh… Cambaluc o Pekín para ti. Me dijeron que habían comprobado que no había problemas durante toda la vida de Gengis y espacialmente hasta Indonesia. Y todo estaba bien, como los noruegos y su Vinlandia. Simplemente no han tenido la misma publicidad. Por lo que la corte china sabía, se había enviado una expedición que nunca regresó y Kublai había decidido que no valía la pena enviar otra. Los registros estaban en los archivos imperiales, pero fueron destruidos durante la revuelta Ming que expulsó a los mongoles. La historiografía olvidó el incidente.

Aun así Everard meditaba. Normalmente le gustaba su trabajo, pero en esta ocasión notaba que algo no encajaba.

—Evidentemente —dijo—, la expedición acabó en desastre. Nos gustaría saber cómo. Pero ¿por qué necesitas un agente No asignado para espiarlos ?

Sandoval se apartó de la ventana. Volvió a pasar por la mente de Everard lo poco que encajaba allí el navajo. Había nacido en 1930, había luchado en Corea y había ido a la universidad pagado por el Ejército antes de que la Patrulla contactase con él; pero de alguna forma nunca había encajado en el siglo XX.



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