de momento, me encaminé hacia la parte más de moda de la Perspectiva Nevsky, en cuyas tiendas se podían comprar suaves guantes franceses o té chino o jabones ingleses, más allá del lugar donde abriría Eliseyevsky en 1901 -una tienda tan moderna que estaba iluminada con lámparas de araña y se podían comprar las frutas y frutos secos de todas las regiones-, hacia el canal Fontanka, con la fachada de color mostaza y blanco del palacio Anichkov donde vivía la familia de Niki mientras estaban en la capital, ya que su padre había evitado el Palacio de Invierno excepto para recepciones oficiales. La familia imperial vivía entre nosotros entonces, solo fue después que Niki y su familia se recluyeron y se apartaron por completo de la sociedad de Petersburgo, de modo que la gente olvidó incluso el aspecto que tenían. Inmediatamente vi al zarevich sentado en el balcón con su hermana Xenia, de quince años. Él fumaba, claro está, y los dos se inclinaban hacia delante en sus sillas para mirar entre la balaustrada a los que pasaban. Yo aminoré el paso para que me vieran mejor. Niki expulsó el humo que tenía en la boca y me hizo una señal con la cabeza. Yo se la devolví. Él volvió a inclinar la cabeza, pero no la levantó, sino que se aproximó a la balaustrada. ¿Qué otra cosa podía hacer yo, sino acercarme?

Bueno. Ese fue nuestro segundo encuentro, y la verdad es que no fue gran cosa. Comprendí a partir de entonces que no iba a ser tan fácil para mí como lo había sido para la princesa Ekaterina Dolgoruki, cuyo amante, el zar, no se escondió detrás de la balaustrada de un balcón, sino que preparó con todo atrevimiento el encuentro con ella en el Jardín de Verano, en aquellas alamedas entre los tilos, y con el mismo atrevimiento la sedujo una tarde en el pabellón Babigon, en Peterhof, un bonito día de julio, mientras el golfo de Finlandia brillaba en la distancia y a su alrededor todo era calor y perfume y pétalos de flores estrujados entre los dedos de ella.

No. Aquellas semanas siguientes yo recorrí la ciudad arriba y abajo con el cochero ruso de la familia que le supliqué a mi padre que me cediera.



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