
La Guardia Imperial de Petersburgo y docenas de regimientos de las provincias convergían en Krasnoye Seló para las maniobras de verano, lejos del calor de Petersburgo y sus remolinos de polvo. Eran 130.000 hombres con sus tiendas de lona clara, erigidas junto al gran campo de desfiles a lo largo de las orillas de los ríos Dudergov y Ligovka. ¡Cómo les gustaban a los Románov sus uniformes, sus clarines y sus caballos! El bisabuelo de Niki, Nicolás I, lloraba al ver a un gran grupo de soldados uniformados. Había guerreras blancas y rojas, las largas casacas azules con cinturón dorado de los cosacos, los granaderos dorados, con sus casacas grises y sus cascos altos y dorados… cada regimiento tenía sus propias charreteras, cintas, trenzas, cruces, medallas, ornamentos, tocados. Algunos regimientos llevaban papakhii de cordero decolorados, otros cosacos llevaban lana oscura, otros oficiales llevaban gorras de visera festoneadas con plumas y medallones. Casi hasta el final de su vida, Nicolás jugaba con los uniformes de sus regimientos y añadía una hilera de botones por aquí, otra trenza dorada por allá.
