En las salas de fumar, en los intermedios, debatían nuestros méritos. Era una atracción recíproca: necesitábamos protectores para avanzar en nuestras carreras y para complementar nuestros miserables sueldos con comidas, regalos, diademas y flores. Y nuestros trajes imitaban los trajes y las joyas de la corte, de modo que desarrollábamos un enorme deseo de poseer las sedas y terciopelos que llevábamos solo unas pocas horas cada día, el oro que bordaba aquellas telas, las gemas a las que emulaban nuestros cristales de colores. Había muchas chicas en la escuela que venían de la nada (¡hasta Anna Pavlova era hija de una lavandera!), y cuyas aventuras podían hacer la fortuna de sus familias. Era una tradición muy antigua. El conde Nikolái Petróvich Sheremetev, en el siglo XVIII, cuando todo noble tenía entre sus propiedades un teatro propio y una compañía de ópera de siervos propia, una compañía de ballet y una orquesta, convirtió en amante suya a una de sus cantantes de ópera y se casó en secreto con ella. En mis tiempos, los grandes duques Constantino Nikoláievich y Nicolás Nikoláievich, tíos del zar Alejandro III, tenían amantes del ballet, y de los hijos ilegítimos que tuvo Nicolás Nikoláievich con la bailarina Chislova, el chico sirvió en los Granaderos Montados de la Guardia Imperial, y la chica se casó con un príncipe. A veces esos protectores se casaban con las muchachas que habían sido sus amantes, y estas se convertían en matriarcas de algunas de las mejores familias aristocráticas de Rusia. Kemmerer, Madaeva, Muravieva, Kantsyreva, Prihunova, Kosheva, Vasilieva, Verginia, Sokolova… todas fueron bailarinas en la década de 1860 y las primeras que se casaron con nobles. Esa posibilidad, más que la reverencia hacia el arte, motivaba a muchas madres a mandar a una niña guapa o graciosa a las audiciones de la calle del Teatro. Pero algunas de nosotras, por supuesto, solo fuimos amantes.


Las esposas imperiales ya procuraban que sufrieras, de eso podías estar bien segura, incluso aunque la amante del hombre procediera de la propia corte, de una familia noble.



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