Eran en México las once de la noche y en Europa el fin de la madrugada. Clemencia entró a su casa como en sueños, sin más aviso que el ruido de su paso en desorden por las piedras del patio.

– Por fin regresas, dijo su marido. Desde que te fuiste no he dormido bien un sólo día.

– Voy a irme más seguido -dijo Clemencia metiéndose a la cama sin más conjetura que una camisa de algodón y el clítoris en suspenso. Porque la vida devuelve y todo puede ser.

Claudia Amengual


La rosa de Jericó

(fragmento)

CLAUDIA AMENGUAL nació en Montevideo, Uruguay, en 1969. Es escritora, traductora pública e investigadora. Es autora de las siguientes novelas: La rosa de Jericó, El vendedor de escobas y Desde las cenizas. El relato que se transcribe es un fragmento de su novela La rosa de Jericó (2000).


***

Mira alrededor y la oficina le parece una cueva. Las computadoras son luces al final de un túnel, luces muy difusas, y el sonido de la impresora se asemeja a un grito prolongado que le eriza la piel. Ya no ve hacia afuera por la única ventana, sólo hay paredes negras, muy negras, y se le están viniendo encima, y nadie se da cuenta, nadie se da cuenta, siguen en lo suyo como si nada pasara; pero las paredes se vienen encima, cada vez hay menos aire, el pecho se cierra, cuesta respirar. Por ahí se mueven sombras, se arrastran; no son sombras, son seres espeluznantes, informes, oscuros. Parece que están cómodos en ese mundo de horror, se desplazan lentos y no se han dado cuenta de que las paredes siguen cerrándose; cada vez hay menos espacio, más oscuridad. Ella no puede moverse, tampoco le salen palabras, está paralizada, con los ojos abiertos y la mirada perdida y el grito aquel que hace rato terminó; y la impresora que le hace señas que ella no ve, como tampoco ve que una de las sombras está justo detrás de su espalda.



11 из 109