
¿Cómo lo tomará Daniel? Probablemente no le dé importancia, después de todo para él eso nunca fue un trabajo, más bien un pasatiempo para que Elena no estuviera tanto en casa y no se pusiera quisquillosa con la limpieza, los chicos. En cuanto a ellos, ni siquiera está segura de que estén al tanto de que tiene, tenía, trabajo. Jamás le han hecho preguntas, ni la han ido a visitar, ni se han interesado en lo más mínimo. No notarán la diferencia. ¿Su madre? Puede imaginarla sin mover un músculo, sin el menor gesto, nada, decirle algo así como “es cuestión tuya” o “tú sabrás”. Cualquier cosa por el estilo, menos un abrazo comprensivo, eso es seguro. Tampoco querrá saber los detalles, ni reirá con ella por su locura, ni mucho menos le dirá que ha hecho justicia. No, no puede esperar aplausos de nadie. ¡Pero, claro! ¡René! ¿Cómo pudo olvidarlo? René sí va a disfrutar cuando le cuente, con la rabia que le tiene al gordo.
“Estoy bien”, piensa. “Tendría que retocar un poco el maquillaje, pero estoy bien. Estás linda, Elena. A ver cuántos piropos cosechás en un par de cuadras.” Se lanza a su pasarela imaginaria, sintiéndose de verdad más linda y ni siquiera se amarga cuando camina dos cuadras sin que nadie le diga ni buenos días, ni voltee para mirarla. “Es igual, Elena, no te habrán visto o serán maricas.”
