
– Voy a ver si trabajo un poco -dijo Carlos.
Felipe esperó hasta oír las dos vueltas de la llave para ponerse a llorar: “papápapá”. Entonces Lucía lo alzó en brazos y lo llevó a la ventana para que viera la luna.
– Luna -dijo él.
El domingo a la tarde habían ido al Jardín Botánico. Era el mejor momento de la semana: Felipe en su cochecito, los dos juntos frente al mundo; Lucía mostrándoselo, él descubriéndolo. No entendía a esas madres que compraban cochecitos invertidos: los bebés bajo el toldo cóncavo, aburridos de verles siempre la cara. El cielo estaba celeste, casi turquesa, y la luna era un semicírculo blanco en medio del camino de piedras que dividía el Jardín. “Luna, luna”, había dicho Lucía. No recordaba que la luna podía salir antes que se hiciera de noche. Habían jugado a llegar caminando hasta ella como si estuviera esperándolos al final del camino. A la salida del Botánico, Felipe persiguió la luna por la calle, señalándola con el dedo y llamándola hasta que llegaron a casa. Después la había descubierto en la terraza. Desde entonces la buscaba día y noche, en las ventanas y en los libros infantiles.
La remera y el short flotaban en la bañadera de plástico junto al pato y el delfín de goma. Un pañal abierto impregnaba el baño de un olor ácido. El olor podía venir también del inodoro, que tenía la tapa levantada. Lucía tiró de la cadena y se quedó un instante con la cara frente al espejo, sin mirarse.
– Ahora vamos a cocinar -dijo por fin.
Felipe salió del baño y la siguió a la cocina.
Papilla de papas, zanahoria, zapallo, pollo, arroz, carne, manzana, banana, pescado. Papillas de distinta textura y color, con la combinación exacta de proteínas, vitaminas y grasas. Nunca le había gustado la cocina pero ahora era experta en papillas. Peló una zanahoria, una papa y un zapallito y los puso a hervir. Los miró borronearse bajo las burbujas. Su vida entera había cobrado la consistencia de una papilla. Tenía todos los ingredientes que necesitaba, pero no podía verlos ni disfrutarlos. Todos estaban confundidos, hervidos, mezclados, aplastados.
