Ya te la llevaste el otro sábado. Siempre te la llevás. Así que la silla hoy es mía. No todos los días viene una compañía ambulante. Va a ser una fiesta en el patio. Ya me planché el vestido rosa, el del casamiento de Elvirita. No me voy a sentar en el suelo, ¿no? Y sacá la mano. Una compañía ambulante, ¿te das cuenta? Como un vendedor y como ambulancia. Pero sin sirena. Con campanitas. Sí, en serio. ¿No viste la tarima y los cortinones abajo? Vinieron con unas campanitas y anunciaron lo de esta noche y dejaron todo listo. Hasta la bruja del catorce salió a ver. Clin clin que la gran compañía ambulante de no sé quién, que el gran actor no sé cuánto, y todos en el patio para ver qué pasaba. Así que hoy me la llevo yo. No pienso verme toda la obra parada. No, Tito. No, che. Que me hacés cosquilla. Dejame batir los huevos. Todo para distraerme y llevártela vos, ¿no? Decime, ¿no te cansás de mirar partidos? Todos igual los tipos. Todos igual los partidos. Llevate el banquito. O sentate vos en el suelo y basta. Eso sí. Ponete otro pantalón. Que después la que lava soy yo. Pero sentate en el suelo. O conformate con el banquito. Si lo tenemos para algo es, ¿no? No. El banquito yo, nada. El banquito, vos. El Chichín siempre anda con su banquito y que yo sepa todavía no se murió. Claro que él es mucho más flaco. Estás engordando, Tito. Vos no te das cuenta pero sí. Bueno, no me importa. Son cosas tuyas. Hoy la silla es mía. Pero, ¿cuántas manos tenés me querés decir? Dale. Que se me quema el aceite. Correte. No. El pelo no, Tito. Bueno. Un beso y basta. Vos lo que querés es cambiarme el tema. Basta te digo. Después no chilles si hay pelos en la tortilla. Ya está. Y dejame la oreja tranquila. Ahora comé que tengo que bajar al patio. Por la silla te digo. Y vos también apurate, que tu bendito partido no te va a esperar. No y no. Nada de michi ni de tu tía. La silla nada. Soy yo la que siempre come en el banquito, ¿no? Tengo mi derecho una vez, ¿no? Sí, claro. Siempre lo mismo.


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