»Mundo, demonio y carne son los enemigos del hombre. Lo vas a oír decir muchas veces, Jeromín, pero yo te digo que el verdadero enemigo del hombre es el demonio, es él quien quiere perdernos. No es fácil verlo, nunca se presenta de modo franco ante nosotros, viene disfrazado y oculto, para engañarnos. Hay que sospechar de él en todo porque en todo puede estar. Nos tienta con las debilidades de la carne, pero sobre todo nos pierde con las temibles tentaciones del pensamiento. Son las peores de todas.

Lanzarse a pensar es un inmenso riesgo, una forma sutil del pecado de la soberbia.

Llegar a creer que podemos ir más allá de donde llegaron los grandes doctores de la Iglesia, que podemos hallar por nuestra cuenta nuevas y peligrosas verdades, es pretender subir adonde no podemos llegar, dejarse arrastrar por el demonio para ver mentiras como verdades y verdades como mentiras.» Cuando Jeromín ponía cara de incredulidad, Don García se acicateaba más.»Cada vez que el hombre se pone a pensar por su cuenta el Enemigo llega. De la manera más simple y desprevenida puede perderse el alma, con el más noble propósito de saber y perfección se puede estar inducido por el demonio. Nunca podemos sentirnos seguros y protegidos. Eres todavía muy joven para saberlo, pero no es tarde para decírtelo.

Hasta el Emperador ha sufrido mucho en ese combate sin tregua. Cuando tú no habías nacido, aquí mismo en España, en Toledo, en Toro, en Valladolid, aparecieron las sectas del demonio. Parecían gente de bien, santos varones y santas mujeres, y era el diablo el que los guiaba. No creían necesitar la infalible enseñanza de la Iglesia. Se creían puros, perfectos, iluminados por Dios. Estaban sin darse cuenta en las manos del diablo. Llegaron a horribles abominaciones. Rechazaban las enseñanzas de la Iglesia. Pensar en los misterios sin la segura guía de la Santa Madre Iglesia es meterse en un inseguro sendero rodeado de precipicios por todos lados."



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