En la habitación había un ropero pequeño, abierto, donde se veía un revoltijo de pantalones y jerseys, camisas planchadas, calzoncillos y calcetines. Un uniforme de portero colgaba de una percha, azul oscuro con franjas doradas en los hombros y relucientes botones de latón. Unos zapatos negros de cuero, muy limpios, descansaban junto al armario.

Sobre el suelo había periódicos y revistas. Junto a la cama una mesita de noche con lámpara. En la mesita, un único libro: A History of the Vienna Boys' Choir…

– ¿Este hombre vivía aquí? -preguntó Erlendur, mirando a su alrededor. Entró con Elínborg en la habitación. Sigurdur Óli y el director del hotel se quedaron fuera. No había sitio suficiente para ellos.

– Le permitíamos vivir aquí -dijo el director del hotel con apuro, quitándose el sudor de la frente-. Trabajaba con nosotros desde hacía mucho tiempo. Desde antes de que yo me incorporara. En la portería.

– ¿Estaba abierta la puerta cuando le encontraron? -preguntó Sigurdur Óli, intentando parecer formal, como para compensar la cancioncita.

– A la chica que lo encontró le pedí que os esperara -dijo el director-. Está aguardando en la cantina de personal. Se llevó un buen susto, la pobre, como podréis imaginar. -El director del hotel evitaba mirar el interior de la habitación.

Erlendur avanzó hacia el cadáver y observó la herida del corazón. No conseguía imaginar qué clase de cuchillo había podido matar a aquel hombre. Levantó la mirada. Por encima de la cama, en el rincón, colgaba un viejo y amarillento cartel de una película de Shirley Temple, sujeto con cinta adhesiva. Erlendur no conocía la película. Se llamaba The Little Princess. El cartel era el único objeto de decoración de todo el dormitorio.

– ¿Quién es esa? -preguntó Sigurdur Óli desde la puerta, mirando el cartel.

– Ahí lo pone -respondió Erlendur-. Shirley Temple.



5 из 268