– Hola, Erlendur -dijo el forense.

– ¿Cómo pinta esto? -preguntó Erlendur.

– Ataque al corazón, pero tendría que examinarle mejor -dijo el forense, famoso por sus chistes malos.

Erlendur miró a Sigurdur Óli y a Elínborg, que mostraban amplias sonrisas.

– ¿Sabes cuándo sucedió? -preguntó Erlendur.

– No puede haber pasado mucho tiempo. En algún momento de las dos últimas horas. Apenas ha empezado a enfriarse. ¿Han aparecido los renos?

Erlendur suspiró.

El forense puso una mano sobre el cadáver.

– Voy a escribir el certificado -dijo el doctor-. Luego lo enviáis al departamento de patología forense en Barónstígur, y allí lo abrimos. Dicen que el orgasmo es una especie de muerte -añadió mirando el cuerpo-. Así que lo tuvo por partida doble.

– ¿Por partida doble? -Erlendur no comprendía.

– Me refiero al orgasmo -dijo el médico-. Habréis hecho fotos, ¿no?

– Sí, claro -dijo Erlendur.

– Quedarán preciosas en su álbum familiar.

– Me parece que no debe de tener familia -dijo Erlendur mirando en torno suyo-. ¿Ya has acabado por ahora? -preguntó para librarse de su humor.

El forense volvió a contraerse para salir por la puerta de la habitación y desaparecer pasillo adelante.

– ¿No tendríamos que cerrar el hotel? -preguntó Elínborg, y vio que el director del hotel contenía la respiración-. ¿Prohibir que la gente entre o salga? ¿No habría que interrogar a los clientes y empleados del hotel? Cerrar los aeropuertos e interrumpir los vuelos al extranjero…

– Por todos los santos -suspiró el director del hotel, que estrujó su pañuelo y miró suplicante a Erlendur-. ¡No es más que el portero!

María y José nunca habrían encontrado alojamiento en este hotel, pensó Erlendur.

– Este… este… horror no tiene nada que ver con mis clientes -dijo el director sin poder respirar, de lo espantado que estaba-. Son extranjeros casi todos, y gente de provincias, solteros de buena posición, armadores de pesca y cosas por el estilo. Nadie que tenga relación alguna con el portero. Nadie. Este es el segundo hotel más grande de Reikiavik. Está repleto durante las fiestas. ¡No podéis cerrarlo y quedaros tan tranquilos! ¡No podéis hacer eso!



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