
– Lo sé.
– Entonces, ¿te das cuenta de que Wilder Investments y la familia Wilder son…?
– ¿Turbios?
Jonas no pudo evitar sonreír.
– Yo no diría tanto -dijo-, pero no me fiaría de Ben en absoluto. Y tú tampoco deberías. Como única beneficiaria de la herencia de tu padre, serías presa fácil de tipos como Ben.
– Creo que no termino de entender qué insinúas.
– ¿No te has dado cuenta de cuántos negocios poco rentables han sido víctimas de Wilder Investments sólo en el último año? Puedo mencionar una empresa de transporte de Seattle, una compañía de teatro de Spokane y una envasadora de salmón de la Columbia Británica.
– De verdad crees que la familia Wilder quiere Cascade Valley? -preguntó ella, incapaz de ocultar su escepticismo.
– ¿Por qué no? Puede que en los últimos años haya tenido problemas, pero sigue siendo la bodega más grande y prestigiosa del noroeste. Nadie, ni siquiera alguien con el poder y el dinero de Ben Wilder, podría encontrar una situación mejor para una bodega. Puede que tu padre no fuera un buen empresario, pero sabía elaborar y embotellar el mejor vino del país.
– ¿Insinúas que Wilder Investments podría ser responsable del incendio?
– No, o al menos creo que no. Pero lo que importa no es quién prendió el fuego, sino que Wilder es el único que se beneficia con el incendio. Ben no dejaría pasar una oportunidad de oro si se le presentase.
– ¿Y crees que esa oportunidad es hacerse con la totalidad del negocio de la bodega?
– No te quepa duda.
– ¿Qué crees que hará Ben?
Jonas lo pensó un momento.
– A menos que me equivoque -contestó-, creo que se acercará a ti. Me atrevería a decir que querrá comprarte lo poco que te queda. Ten en cuenta que entre las dos hipotecas de la propiedad y lo que se debe a Wilder Investments, posees una parte muy pequeña de la bodega.
