
– ¿Y crees que debería venderla?
– No, pero ten cuidado y asegúrate de hablar conmigo antes de hacer nada. No me gustaría que Ben Wilder o su hijo te desplumaran.
Sheila no se iba a dejar vencer tan fácilmente.
– No te preocupes, Jonas -dijo-. Pretendo plantar cara a Ben Wilder, o a su hijo, y pienso conservar Cascade Valley. Es lo único que nos queda a Emily y a mí.
Dos
Cuando se abrió la puerta del despacho, Noah frunció el ceño. Apartó la vista de la correspondencia que estaba leyendo y trató de ocultar su fastidio al ver entrar a la secretaria de su padre.
– ¿Qué pasa? -preguntó con una sonrisa que no se reflejaba en su mirada.
– Siento molestarte, pero tienes una llamada en la línea uno.
– Ahora estoy ocupado. Hazme el favor de tomar el mensaje.
Aunque Noah había devuelto su atención a los papeles, Maggie no se movió.
– Sé que estás ocupado -aseguró-, pero la persona que quiere hablar contigo es la señorita Lindstrom.
– ¿Lindstrom? ¿Se supone que tiene que sonarme?
– Es la hija de Oliver Lindstrom, el hombre que murió en el incendio de hace unas semanas.
– Es la que sigue insistiendo en que le dé parte del dinero del seguro, ¿verdad?
– La misma.
El entrecerró los ojos y miró con suspicacia.
– Lindstrom murió en un incendio que, según los informes, se sospecha que fue intencionado -dijo-. ¿Crees que él mismo provocó el fuego y quedó atrapado sin querer?
Sin esperar la respuesta de Maggie, Noah buscó el informe de la compañía de seguros sobre el incendio y lo leyó mientras lanzaba otra pregunta a la secretaria.
– ¿No le escribí una carta a su hija y le expliqué nuestra posición?
– Sí.
– ¿Esta llamada no será una excusa para ganar tiempo hasta que la aseguradora termine la investigación? Recuerdo que le decía que el asunto tendría que esperar hasta que volviera Ben.
