– Así es.

Maggie frunció la boca con impaciencia. Sabía que Noah tenía poder absoluto para tomar cualquier decisión comercial en la empresa, al menos hasta que su padre volviera de México.

– ¿Y para qué me llama? -preguntó él.

– No sé para qué te llama, pero deberías hablar con ella. Es la quinta vez que lo intenta esta tarde.

El miró de reojo el montón de mensajes que le había dejado Maggie en la mesa y que había intentado no ver, con la esperanza de que desaparecieran por obra y gracia del destino.

– De acuerdo, Maggie -accedió a regañadientes-. Tú ganas, hablaré con ella.

Con una voz que disfrazaba su fastidio, Noah contestó a la llamada.

– Soy Noah Wilder -se presentó-. ¿Puedo hacer algo por ti?

Sheila llevaba esperando en el teléfono más de cinco minutos, y estaba a punto de colgar cuando el hijo de Ben Wilder decidió por fin dedicarle un poco de su precioso tiempo. Reprimió el impulso de colgar de mala manera, mantuvo la compostura y contestó a la pregunta con un leve sarcasmo:

– Si no es mucho pedir, sí -dijo-. Me gustaría reunirme contigo, aunque tu secretaria me ha comunicado que estás demasiado ocupado para verme. ¿Es así?

Algo en la tensión contenida logró despertar el interés de Noah. Desde que había asumido las responsabilidades de su padre el mes anterior, nadie había osado discutir con él. Al parecer, el poder que Ben ejercía con mano firme impedía contradecir a su hijo a todos los que se relacionaban con él. No obstante, Noah tenía la impresión de que Sheila Lindstrom estaba dispuesta a enfrentarse.

– Me encantaría reunirme contigo -contestó-, pero tendría que ser después de la semana que viene. Desafortunadamente, Maggie te ha informado bien. Tengo ocupados los próximos diez días.



15 из 143