
La secretaria se dio la vuelta, pero antes de que pudiera salir del despacho, Noah la llamó.
– Ah, Maggie, ¿puedes hacerme un favor?
Ella asintió.
– Llama a mi casa cada media hora -añadió Noah-. Y sí por casualidad te contesta mi hijo, házmelo saber de inmediato. ¡Quiero hablar con él!
– De acuerdo.
Maggie esbozó una sonrisa triste y se marchó. En cuanto estuvo solo, Noah tomó la carta de la compañía de seguros.
– A ver de qué se trata -farfulló, mientras le echaba una ojeada-. ¿Qué es esto? “Impago de indemnización”, “conflicto de intereses”, “demanda del beneficiario” y “bodega Cascade Valley”. ¡Maldición!
Noah arrojó la carta hecha un bollo a la papelera y llamó a Maggie por el intercomunicador.
– Ponme con el director de Pac-West Insurance -ladró-. ¡Ya!
Lo último que necesitaba era tener más problemas con el seguro de la bodega situada al pie de las montañas Cascade. A pesar de las sospechas de que el incendio había sido provocado, esperaba que la compañía de seguros ya hubiera resuelto el asunto. Al parecer, se había equivocado, y mucho.
– Tienes a Joseph Gallager, director de Pac-West, en la línea uno -anunció Maggie por el intercomunicador.
– Bien.
Noah fue a pulsar el botón para hablar con Gallager, pero se detuvo y se dirigió a su secretaria.
– ¿Sabes cómo se llama el detective privado con el que trabaja mi padre? -preguntó.
– Simmons.
– Ese mismo. En cuanto acabe de hablar con Gallager, quiero hablar con Simmons. Por cierto, ¿has llamado a mi casa?
– Sí. No contestan.
– Sigue intentándolo, por favor.
A Noah se le ensombreció la mirada, y se preguntó dónde estaría Sean. Apartó de su mente los oscuros pensamientos sobre su hijo y volvió a los problemas del trabajo. Con suerte, el director de Pac-West Insurance podría contestar a un par de preguntas sobre el incendio de la bodega y explicar por qué Wilder Investments no había cobrado la indemnización.
