Si Gallager no respondía, Noah se vería obligado a ponerse en contacto con Anthony Simmons. Aunque odiaba relacionarse con gente como él, no tenía muchas opciones. Si la compañía de seguros se negaba a pagar por la sospecha de intencionalidad en el incendio, tal vez el detective pudiera encontrar al culpable y eliminar cualquier sospecha de que Wilder Investments había tenido algo que ver con el fuego. A menos, desde luego, que Ben supiera algo que le ocultaba a su hijo.

Las oficinas del bufete Fielding e Hijo estaban situadas en un edificio del siglo XIX y tenían una decoración sobria y acogedora. A pesar de las comodidades del despacho, Sheila estaba tensa y le sudaban las manos.

Jonas Fielding se enjugó la frente con un pañuelo. Aquel mes de mayo hacía un calor desacostumbrado en el valle, y la delicada mujer que tenía enfrente lo ponía nervioso. En los ojos grises de Sheila Lindstrom se reflejaba el dolor por la reciente muerte de su padre. Llevaba un traje de chaqueta entallado, pero había en ella cierta inocencia que lo impulsaba a considerarla una niña.

Jonas había ejercido la abogacía durante casi cuarenta años. Aunque podría haberse jubilado años antes, había seguido en el trabajo, y en ocasiones como aquella se lamentaba de no haber dejado el bufete en manos de los socios más jóvenes. Ver a Sheila lo hacía sentirse tan viejo que le pesaban sus setenta años. Con tanto tiempo de ejercicio profesional, debería haberse acostumbrado a lidiar con el dolor de los familiares, pero no se acostumbraba, y menos, cuando el muerto había sido su amigo. Las sucesiones eran una parte deprimente de su trabajo, y prefería delegarlas en los socios más jóvenes. No obstante, en aquel caso era imposible. Oliver Lindstrom había sido su amigo, y conocía a Sheila desde que había nacido, treinta y un años antes.

Jonas carraspeó y se preguntó si el aire acondicionado del edificio funcionaba bien. Los despachos parecían particularmente desapacibles aquella tarde. Se dijo que tal vez fuera su imaginación; tal vez su malestar se debiera a tener que tratar con Sheila. Detestaba aquella parte de su trabajo. Para darse un respiro, se puso en pie y se acercó a la ventana antes de hablar con ella.



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