Y se echó a llorar con desconsuelo infinito.

– ¿Nosotros? ¿Quiénes somos nosotros?

– Vosotros… los tecnohumanos… los reps… Me habéis secuestrado… Me habéis infectado… Me habéis implantado vuestras sucias cosas para convertirme en uno de vosotros. ¿Por qué me habéis hecho esto? ¿Qué mal os había hecho yo?

El diapasón de sus gemidos había ido subiendo y ahora chillaba como una posesa. Seguro que los vecinos vuelven a quejarse, pensó Bruna con fastidio. Frunció el ceño.

– ¿A qué vienen esas estupideces? ¿Estás loca, o te lo haces? Tú también eres una replicante… Mírate al espejo… ¡Mírate a los ojos! Eres tan tecnohumana como yo. Y acabas de intentar estrangularme.

La mujer se había puesto a temblar violentamente y parecía estar sufriendo un ataque de pánico.

– ¡No me hagas daño! Por favor, ¡no me hagas daño! ¡Socorro! ¡Por favor!

Su evidente terror resultaba insoportable. Bruna aflojó un poco su presa.

– Tranquila… No te voy a hacer nada… ¿Ves? Te estoy soltando… Si te quedas tranquila y quietecita, te suelto.

Liberó a la mujer poco a poco, con la misma cautela con la que liberaría a una serpiente, y luego se echó hacia atrás, fuera del alcance de sus manos. Gimoteante, la androide se arrastró medio metro hasta apoyar la espalda en la pared. Aunque parecía algo más calmada, Bruna lamentó no llevar encima su pequeña pistola de plasma. Pero la tenía escondida detrás del horno y, para sacarla de ahí, necesitaría dejar de vigilar a la mujer durante unos momentos. Verdaderamente era una completa estupidez guardar tan bien un arma que después no había modo de usarla. Miró a la intrusa, que jadeaba anhelosamente en su rincón.

– ¿Qué te has tomado? Estás hecha polvo.

– Soy humana… ¡Soy humana y tengo un hijo!

– Ya. Voy a llamar a la policía para que vengan a por ti. Has intentado matarme.

– ¡Soy humana!

– Lo que eres es un maldito peligro.



5 из 367