
– Resulta que soy yo quien escribe los mejores compendios de toda Roma -afirmó su hijo en tono altanero.
Servilia lo miró con ironía.
– Tucídides no era muy prolífico con las palabras -dijo-, aunque tuviera que escribir muchos libros para relatar el conflicto entre Atenas y Esparta. ¿Qué ventaja hay en destruir su hermoso griego para que los romanos perezosos puedan obtener un árido resumen y luego se feliciten a sí mismos por saberlo todo acerca de la guerra del Peloponeso?
– La literatura se está haciendo demasiado vasta para que un hombre cualquiera la abarque toda sin recurrir a resúmenes -insistió Bruto.
– Se te está estropeando la piel -repitió Servilia volviendo así a lo que en realidad le interesaba.
– Eso es bastante corriente en los muchachos de mi edad.
– Pero no entra en los planes que tengo para ti.
– ¡Y que los dioses ayuden a cualquier hombre o cosa que no entre en los planes que tú tienes para mí! -gritó Bruto, enfadado de repente.
– ¡Vístete, vamos a salir! -fue lo único que contestó ella; y salió de la habitación.
Cuando entró en el atrio de la espaciosa casa de Silano, Bruto vestía la toga de orla púrpura propia de la infancia, porque oficialmente no se convertiría en hombre hasta diciembre, cuando llegara la fiesta de Juventas. Su madre ya estaba esperándolo y lo observó con ojo crítico mientras se acercaba a ella.
Sí, decididamente tenía los hombros caídos y la espalda hundida. ¡Con el niño tan guapo que había sido de pequeño! Encantador hasta el pasado enero, cuando ella le había encargado a Antenor, el mejor escultor retratista de toda Italia, un busto de Bruto. Pero ahora la pubertad se estaba haciendo notar de una forma más agresiva, y la temprana belleza de su hijo se iba desvaneciendo incluso a los parciales ojos de Servilia. Bruto seguía teniendo los ojos grandes, oscuros y soñadores, con párpados interesantes y pesados, pero la nariz no se le estaba convirtiendo en el imponente edificio romano que ella esperaba, sino que permanecía obstinadamente corta y con la punta bulbosa, como la de ella.
