Aquella misma noche Bruto había acudido a su madre y la había informado de que deseaba casarse con Julia cuando ésta creciera lo suficiente.

Servilia lo había mirado fijamente, atónita.

– ¡Si no es más que una niña, mi querido Bruto! Tendrás que esperar nueve o diez años.

– Se prometerá en matrimonio mucho antes de que sea lo suficientemente mayor para casarse -le había respondido Bruto haciendo evidente su angustia-. ¡Por favor, mamá, en cuanto su padre regrese a casa pídele la mano de Julia en matrimonio!

– Es muy posible que cambies de opinión.

– ¡Nunca, nunca!

– Su dote es mínima.

– Pero su cuna es todo lo que podrías desear en mi esposa.

– Cierto.

– Aquellos ojos negros que podían adoptar una expresión tan dura reposaron en el rostro de su hijo no exentos de comprensión; Servilia apreciaba la fuerza de aquel argumento. De manera que estuvo dándole vueltas mentalmente durante unos instantes, y luego asintió-. Muy bien, Bruto, la próxima vez que su padre venga a Roma, se lo pediré. No necesitas una esposa rica, pero es esencial que su cuna esté a la altura de la tuya, y una Julia sería ideal. Especialmente esta Julia, patricia por ambas partes.

Y así lo habían dejado, en espera de que el padre de Julia regresara de la Hispania Ulterior, donde desempeñaba el cargo de cuestor. Y a pesar de que era la inferior de las magistraturas importantes, no era de extrañar que Servilia supiera que el padre de Julia había desempeñado el cargo extremadamente bien. Lo que sí resultaba extraño era que ella nunca lo hubiera conocido en persona, considerando lo poco numeroso que era el grupo de verdaderos aristócratas de Roma. Ella era una; él, otro. Pero, según los rumores femeninos, aquel hombre era una especie de marginado entre los de su clase, demasiado ocupado para hacer la vida social que la mayoría de sus iguales cultivaban cuando se encontraban en Roma. Habría sido más fácil solicitar la mano de su hija en nombre de Bruto si ella ya lo conociese, aunque albergaba pocas dudas de cuál iba a ser la respuesta. Bruto era muy buen partido, incluso ante los ojos de un Julio.



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