El salón de recepción de Aurelia no podía compararse a un atrio palatino, pero era lo bastante grande como para albergar cómodamente a la docena aproximadamente de mujeres que lo habían invadido. Los postigos abiertos daban a lo que comúnmente se consideraba un bonito jardín, gracias a Cayo Matio, el inquilino del otro apartamento de la planta baja; él había hallado la manera de que las rosas pudieran florecer en la sombra; había conseguido que las parras escalasen los doce pisos de paredes con celosías y balcones, había podado los arbustos de boj hasta formar esferas perfectas y había instalado un habilidoso sistema de alimentación basado en la fuerza de gravedad hasta el estanque de mármol, lo que permitía que un encabritado delfín de dos colas escupiera agua por aquella espantosa boca suya.

Las paredes del salón de recepción estaban bien conservadas y pintadas con el color rojo de moda; el suelo de terrazo barato se había bruñido hasta adquirir un atractivo brillo de color rosa rojizo, y el techo se había pintado simulando un cielo de mediodía con nubes algodonosas, aunque no podía presumir de ornamentos caros. No era la residencia de uno de los poderosos, pero sí adecuada para un senador de rango inferior, suponía Bruto mientras lo observaba todo sentado junto a Julia, que a su vez miraba a las mujeres; Julia lo sorprendió, así que Bruto también dirigió la mirada hacia las mujeres.

Su madre había tomado asiento junto a Aurelia en un canapé, desde donde podía exhibirse a sus anchas a pesar de que a su anfitriona, aunque había alcanzado ya los cincuenta y cinco años, se la consideraba una de las mayores bellezas de Roma. La figura de Aurelia era elegantemente esbelta y le favorecía permanecer en reposo, porque entonces no se le notaba que cuando se movía lo hacía con demasiada viveza como para resultar grácil. Ni un asomo de canas le enturbiaba el cabello de color castaño, y tenía la piel lisa y lechosa. Era ella quien le había recomendado a Servilia una escuela para Bruto, porque era la principal confidente de la madre de éste.



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